martes, abril 01, 2008

GUERRA MEDIÀTICA: "EL TIEMPO" PORTOCRUZANO DISPARA AGALLAS DE PESCADO

Desde Venezuela


GUERRA MEDIÀTICA: “EL TIEMPO” PORTOCRUZANO
DISPARA AGALLAS DE PESCADO


Eligio Damas



El término “terrorismo mediático”, ha generado mucho escozor. Alguna gente parece creer un poco exagerado acusar de terrorista a un periodista o mejor, a un dueño de periódico, quien mediante alguna artimaña, que envuelve el uso del medio y sus inmensas posibilidades, trata de desprestigiar, doblegar y mal poner con fines censurables, ante la opinión pública a alguien. Esta práctica es tan vieja como la profesión o el negocio mismo.
En el pasado reciente venezolano, fueron frecuentes las guerras con la divulgación de informaciones de unos editores contra otros. Las rencillas, ventiladas a través de los medios informativos, entre los dueños de unas plantas televisoras y otras, lo que en veces hasta incluía la familia, en la reciente historia de Venezuela, fueron proverbiales.
Incluso, la desmoralización fue tal, que los medios de comunicación, audiovisuales o escritos, hacían trueque con los partidos del status – AD o COPEI- de puestos en los cuerpos legislativos por apoyo en la campaña electoral. Así, como los bomberos, para no pisarse las mangueras, unos medios apoyaban a un partido y otros a otro. Es decir, los medios ya en la época del “Pacto de Punto Fijo”, habían descubierto la forma de doblegar a los partidos políticos. Y esa audacia fue más lejos, el partido ganador de la contienda electoral, contraía la “obligación”, de apartarle al medio que le apoyó en ese proceso, puestos en el gabinete ejecutivo y algunos cargos relevantes de la administración pública.
Por supuesto, aparte de lo ya mencionado, los medios daban por descontado la “obligación gubernamental”, de prodigarse a favor de los medios mediante eso que llaman la pauta publicitaria. Y hubo guerras, cuando a lo largo del engranaje se “pelaba algún cable”. Medio que no recibía – eso estaba contabilizado de antemano – lo que creía corresponderle, inmediatamente comenzaba por formar berrinches y desatar su guerra “opositora”. Hostilidad a la que se ponía freno o fin, cuando la facturación y fluidez de caja funcionaban con “normalidad”. También si un gobernante interfería una acción o política publicitaria de algún medio, le declaraban la guerra y le tachaban. Eso le pasó a Luis Herrera Campins, expresidente venezolano, quien por promulgar una disposición, prohibiendo la publicidad de alcohol y cigarrillos, vetaron para siempre.
Por supuesto aquellos acuerdos, no siempre disimulados, incluían silenciar y hasta acribillar informativamente, a los sectores populares y factores fuera de la órbita del puntofijismo.
Estas cosas pasaron. Sólo que a nadie se le había ocurrido calificarlo de terrorismo mediático, pese a que era frecuente el uso de “terrorismo judicial” para referirse a las tribus y sus procedimientos; aquellas mafias de abogados de AD que manipulaban los juicios.
En la era de Chàvez, con la debacle de los viejos partidos, la dificultad de levantar una o dos organizaciones nuevas que recojan la inconformidad frente al gobierno, y conscientes estamos que esto ya es un lugar común, algunos medios asumieron el rol que corresponde a la oposición política. Y aquella experiencia, que no fue más que un chantaje al puntofijismo, la perfeccionaron, hasta tal punto que hicieron de muchos periodistas y algunos otros trabajadores del medio, suerte de militantes y propagandistas. Ahora, la guerra no se limita al editorial, sino que se libra con todo el espectro del medio comunicacional.
Y las políticas del gobierno, rechazadas a ultranza por propietarios de medios, como vanguardias de las clases dominantes, empezando por aquellas desplazadas de áreas donde se hacen grandes inversiones y obtienen superlativas ganancias, como la petrolera, aunado al vuelco que aquel le ha dado a sus gastos publicitarios, se volvieron objetivo fundamental para la descarga inclemente de la artillería mediática.
Ayer mismo, en la reuniòn de la SIP, en una actitud incomprensible para quien tenga un poco de sutileza, Marcel Granier, uno de los dueños de RCTV, se lamentaba que el gobierno, a algunos medios, por supuesto que los suyos, les hubiese retirado la pauta publicitaria. Verdugo no chilla, dice el refranero popular.
Y esta conducta que puede definirse como “todo contra Chàvez” y más, contra lo que Chàvez haga, se ha convertido en una norma para una importante cantidad de medios.
No viene al caso calificar de una manera u otra, lo que el diario “El Norte”, de Puerto La Cruz, hizo en su edición de este lunes 31 de marzo. Es posible, vaya por delante nuestra buena fe, que periodistas y editores, no se propusieron el inicio de una campaña en base al temor, para minar las bases del plan gubernamental de poner fin a la pesca de arrastre. Pero es obvio, que tal como titularon y manejaron algunos detalles de la información, han debido llevar a muchos a conclusiones erradas e indisposición por miedo, frente una medida que merece ser discutida. Porque tiene repercusiones transcendentes para la vida de todos y el destino de la humanidad; la pequeña de la cual formamos parte, acá en Puerto La Cruz y de la que habita el planeta. Ademàs, porque la actual generación está obligada a resguardar el ambiente en el que habrán de vivir las venideras. Es decir, porque no es merecedora que la abordemos con ligereza y politiquería.
En la edición que arriba mencionamos, el periódico en cuestión titula, en primera página de la siguiente manera:
“VENDEDORES: EL PESCADO ESCASEA POR LIMITACIONES A RASTROPESCA”. (1)
Al parecer, ese día, según lo reportado, hubo escasez en la oferta del pescado en tres mercados del producto de la ciudad oriental. En el cuerpo de la información, uno de los entrevistados, atribuyó el fenómeno “a la paralización de las rastropescadoras” (2). El señor Carlos Rodríguez, citado por el periódico, específicamente hizo esa afirmación. Los otros entrevistados se limitaron a dejar constancia de la escasez.
Es decir, un entrevistado, atribuyó la escasez a la “paralización de las rastropescadoras”. Ningún entrevistado habló que se haya suspendido a las rastropescadoras. Sencillamente porque eso no ha sucedido.
El mismo periódico, dentro del texto, como oculto, reconoce que la prohibición de la pesca de arrastre, “entrará en vigencia dentro de un año” (3) y agrega que “el sector se encuentra parcialmente paralizado debido a que los armadores carecen de permisos para operar y de orientación sobre las artes a las cuales deben migrar” (4).
El periódico, por medio de sus agentes, no se ocupó de averiguar por qué algunos armadores carecen de permisos y desde cuándo estàn en esa situación y le quedó debiendo a sus lectores esa información para que pudiesen armar un juicio libremente. Ademàs, es un subterfugio periodístico, atribuir la escasez o la negativa de algunos armadores a salir a hacer su trabajo, porque carecen de “orientación” para su trabajo futuro, que se iniciará, en principio, el año que viene. Y porque las artes o mecanismos que habrán de usar para pescar fuera del mar territorial o dentro de éste, una vez que entre en vigencia la nueva ley, es asunto que de ser necesario la intervención gubernamental, hay tiempo para definirlo y espacio para maniobrar. Pero en todo caso, no es habitual que los venados corran tras los perros; quienes reclaman la libertar empresarial no esperan que el gobierno les dé una cartilla acerca de cómo deben hacer lo permitido.
Por estas cosas, uno no entiende que sea sano que el diario “El Tiempo”, periódico de nuestras lecturas, consultas diarias y por el cual conservamos un bello afecto, ademàs del título de primera página arriba citado, en la página 3, use el de “COMENZÒ A ESCASEAR PESCADO POR SUSPENSDIÒN DE RASTROPESCA”.(4)
No es necesario decir más. Usted lector saque las conclusiones y piense que la SIP, acaba de declarar con libertad absoluta, despuès de deliberar a sus anchas por tres dìas, frente a todos los medios, que en este paìs no hay libertad de prensa ni derecho a pataleo; y ademàs que el terrorismo mediático, es una fantasía oficialista para distraer. “El Tiempo”, si no metralla gruesa, por lo menos como balas de fogueo, lanza agallas de pescado.
(1) “El Tiempo”. Pto. La Cruz, 31-03-08. Pág. 01
(2-3-4) Idem. Pág. 03

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